Chile enfrenta un desafío significativo en la detección de fenómenos meteorológicos extremos, como tornados y trombas marinas, al carecer de radares meteorológicos que permitan un monitoreo efectivo. Mientras países como Brasil cuentan con más de 40 radares, Chile no posee ninguno, lo que limita la capacidad de advertir a la población sobre la llegada de estos eventos con la anticipación necesaria.

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Los tornados, aunque poco comunes, tienen una historia documentada en el país. Se estima que ocurren entre cinco y siete tornados al año, con registros históricos que datan desde 1554 hasta 1900 en regiones como Biobío, Ñuble y la Metropolitana. La masificación de las redes sociales ha permitido una mayor visibilidad de estos fenómenos desde 2010.

La necesidad de radares en Chile

Expertos como Víctor Orellana, exdirector de Onemi, han señalado que la instalación de radares meteorológicos permitiría un monitoreo más detallado de las zonas pobladas propensas a tornados y otros fenómenos climáticos. Según Orellana, Chile necesitaría al menos 10 radares, además de estaciones de superficie y detectores de tormentas, para establecer un sistema nacional adecuado.

La Dirección Meteorológica de Chile ha propuesto un proyecto que contempla la instalación de siete radares Doppler en el país, con una inversión estimada en US$40 millones. Esta iniciativa no solo incluye los radares, sino también estaciones de superficie y sensores, con el objetivo de mejorar la capacidad de alerta y, potencialmente, salvar vidas.

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Iniciativas académicas y su impacto

Además del proyecto gubernamental, la Universidad de Valparaíso está desarrollando una plataforma móvil que podría estar operativa en marzo de 2027. Este equipo se destinará principalmente a fines académicos, permitiendo el estudio de fenómenos extremos en diversas regiones del país.

La importancia de contar con radares es evidente, ya que podrían proporcionar información crucial sobre la velocidad y categoría de tornados, así como proyectar su comportamiento. Esta tecnología permitiría alertar a la población con al menos 15 minutos de anticipación sobre eventos meteorológicos extremos, un tiempo valioso que podría marcar la diferencia entre la vida y la muerte.