El presidente de Argentina, Javier Milei, ha tomado la decisión de militarizar la residencia presidencial de Olivos, lo que ha llevado al despido de al menos 12 trabajadores civiles. Esta medida, adoptada este jueves, ha sido descrita por diversos medios argentinos como parte de un cambio inédito en el sistema de seguridad del lugar, motivado por una creciente preocupación del mandatario por posibles amenazas.
Según un comunicado oficial del Gobierno argentino, la modificación responde a la necesidad de elevar los estándares de seguridad y eficiencia del presidente y su entorno, en el contexto de una escalada de la inseguridad a nivel global y la próxima visita del Papa León XIV a Argentina. Sin embargo, se ha informado que la decisión también refleja un estado de «paranoia» de Milei respecto a su seguridad personal.
Motivos detrás de la militarización
La medida de militarizar la residencia presidencial ha sido interpretada por algunos medios como una respuesta a un complejo escenario económico en Argentina, que ha generado un clima de tensión. Un ejemplo de esto es una reciente licitación para adquirir 29 toneladas de carne para la Casa Rosada y la residencia presidencial, cuyo contrato alcanzó los 500 millones de pesos argentinos, equivalentes a más de $317 millones chilenos.
Además, se han reportado fiestas irregulares en la residencia, lo que ha contribuido al clima de preocupación. Sin embargo, el punto de inflexión que ha llevado a Milei a tomar estas decisiones parece estar relacionado con la seguridad de sus perros, a quienes él se refiere como sus “hijitos”.
Preocupaciones personales del presidente
Informes indican que Milei está convencido de que uno de sus perros ha sido envenenado, lo que ha intensificado su temor no solo por la seguridad de sus mascotas, sino también por un posible atentado en su contra. Este miedo ha sido alimentado por eventos recientes, como el ataque a Donald Trump y el asesinato de Charlie Kirk, que han dejado una huella en la percepción de seguridad del mandatario.
El estado de paranoia de Milei también se ha visto reflejado en su comportamiento, incluyendo un episodio en el que confundió una visita sorpresa de su pareja, Fátima Flórez, con un posible intento de asesinato. Esta inestabilidad emocional se ha traducido en un creciente aislamiento, ya que el presidente pasa cada vez más tiempo recluido en Olivos, llegando a estar diez días sin salir en agosto, con solo una visita durante ese tiempo.

