El Colegio Cahuala, ubicado en Castro, Chiloé, está bajo la lupa tras la revelación de testimonios que sugieren una fuerte influencia de sus líderes, Enrique Urrutia y María Alejandra Pinto, en la gestión del establecimiento. Estas acusaciones surgen en el contexto de una investigación penal por denuncias de abusos dentro de la comunidad Cahuala, de la cual el colegio es parte.
Dinámicas de control en el colegio
Tres mujeres, con diferentes vínculos con la comunidad, han compartido sus experiencias, las cuales ponen en entredicho la autonomía del colegio. Tamara, una exfuncionaria que trabajó en el establecimiento desde 1998 hasta 2012, describe un ambiente donde las decisiones educativas estaban influenciadas por los líderes de la comunidad. Según su relato, siempre había miembros de Cahuala en el colegio que mantenían informados a Urrutia sobre los asuntos internos.
“Siempre hay un Cahuala al interior del colegio. Nunca han dejado de estar algunos Cahuala en el colegio, aunque tuvieran que jubilar”, señala Tamara, quien también denuncia que durante su tiempo en el establecimiento no recibió sueldo ni vacaciones, y que su despido no fue indemnizado.
Experiencias de exalumnas
Otro testimonio proviene de Sonia, quien creció en la comunidad y fue alumna del colegio. Ella recuerda cómo las dinámicas familiares se trasladaban al ámbito escolar, donde se fomentaba el distanciamiento emocional de los padres. “No podía decirles mamá o papá, debía llamarlos por su nombre”, relata. Además, Sonia fue suspendida por dos meses en segundo básico sin justificación, siendo obligada a realizar labores domésticas en la comunidad.
“Era como decir, yo puedo tomar esta decisión y marcar así de fácil la vida a tu hija”, reflexiona Sonia sobre la autoridad que ejercía la directora del colegio, quien también era parte de la comunidad.
Cuestionamientos a la estructura de autoridad
Gloria Rodríguez, quien fue profesora y parte del equipo directivo del Colegio Cahuala durante más de 20 años, también ha expresado sus preocupaciones. En una carta, Rodríguez detalla cómo su confianza se vio afectada al conocer denuncias de abusos sexuales que no habían sido compartidas con el equipo docente. “Sentí que existía una agenda interna que desconocíamos”, afirma.
Rodríguez destaca que, a pesar de que los educadores compartían sus vidas personales en sesiones de desarrollo, la comunidad no revelaba información crítica sobre la crianza de los niños. Esto la llevó a cuestionar la estructura de autoridad y la influencia de los líderes en el funcionamiento del colegio.
La situación del Colegio Cahuala refleja un complejo entramado de relaciones de poder y control que, según los testimonios, podría aún perdurar. La directora subrogante del colegio ha negado las irregularidades y ha afirmado que la institución no está vinculada a procesos judiciales. Sin embargo, las denuncias de exfuncionarios y exalumnos plantean serias interrogantes sobre la independencia del establecimiento y el bienestar de sus estudiantes.

