Un tribunal en México dictó el viernes una condena de 158 años y nueve meses de cárcel para cada uno de los tres hombres responsables del asesinato de tres surfistas en Ensenada, un popular destino de surf en el Pacífico mexicano. Los condenados, de nacionalidad mexicana, fueron hallados culpables del homicidio de los hermanos australianos Jake y Callum Robinson, de 30 y 33 años, y su amigo estadounidense Jack Carter Rhoad, de 30 años. El crimen, que ocurrió en 2024, generó una fuerte indignación internacional.

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Detalles del juicio y la condena

El juicio se llevó a cabo en Ensenada, donde el juez Raúl Hernández sentenció a los tres acusados: Jesús Gerardo, alias «El Kekas», Irineo Francisco y Ángel Jesús. El juez determinó que los condenados actuaron con premeditación, alevosía y ventaja. Durante la audiencia, la madre de Rhoad, Page, expresó su gratitud por la condena, aunque reconoció que nunca habrá justicia completa por la pérdida de su hijo.

Contexto del crimen

Los cuerpos de las víctimas fueron encontrados en un acantilado, con impactos de bala en la cabeza. La fiscalía había solicitado una pena de 210 años, pero la pena máxima en Baja California es de 60 años. Finalmente, el juez dictó 45 años por cada homicidio, sumando un total de 135 años por las tres víctimas, además de 10 años y nueve meses por robo y otros 13 años por el robo de un vehículo.

Reparación y declaraciones de familiares

Los familiares de las víctimas solicitaron una reparación de daños por más de 100.000 dólares, aunque el juez no aceptó esta solicitud debido a que no se acreditó adecuadamente el valor de los objetos robados. En caso de buscar una indemnización, las familias deberán hacerlo por la vía civil. Martin Robinson, padre de los hermanos Robinson, comentó que, aunque el veredicto no devolverá a sus hijos, esperan que represente un paso hacia la justicia.

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La novia de «El Kekas» fue condenada a 20 años de cárcel por instigar el robo, tras declararse culpable en un proceso separado en noviembre. Durante el juicio, se reveló que Rhoad había suplicado por su vida, lo que fue ignorado por los atacantes.