En medio de la emergencia climática preventiva que afecta a más de la mitad del país debido a intensas lluvias, el director alterno del Centro de Investigación Interdisciplinaria en Riesgo, Resiliencia y Recuperación ante Desastres (Cigiden R+), Jorge León, advierte sobre la inminente amenaza de incendios forestales. Este fenómeno, intensificado por El Niño, podría poner en riesgo a miles de personas durante el próximo verano.

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Santiago ha registrado el octubre más lluvioso desde que se tienen registros, superando el promedio de precipitaciones del año. Los efectos han sido devastadores, incluyendo un aluvión en Las Condes y un tornado en Estación Central. Entre el 22 y el 23 de octubre, más del 70% de la población estará bajo emergencia climática preventiva ante posibles remociones en masa.

Preparación insuficiente ante incendios

León señala que Chile no está adecuadamente preparado para enfrentar incendios forestales, comparando la situación actual con la preparación que se tenía para terremotos hace décadas. Destaca que cerca del 25% de la población urbana de las regiones centrales y sur-central vive en zonas de interfaz urbano-forestal, lo que aumenta la exposición al riesgo de incendios.

  • Falta de edificaciones diseñadas con estándares de resistencia al fuego.
  • Construcciones livianas y altamente inflamables.
  • Inadecuados sistemas de evacuación, como se evidenció en Viña del Mar en 2024.

El experto enfatiza que, a diferencia de la evacuación por tsunami, donde se puede prever la dirección del peligro, los incendios son más complejos de manejar debido a su naturaleza impredecible. Esto requiere un diseño urbano que contemple múltiples rutas de evacuación y opciones de salida.

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Cultura de prevención y gestión institucional

León destaca la necesidad de desarrollar una cultura de prevención similar a la que existe en la gestión de terremotos. A pesar de los avances desde el terremoto y tsunami de 2010, que evidenció la falta de preparación del país, aún queda un largo camino por recorrer. La Ley 21.364 de 2021 ha mejorado la organización del sistema de gestión de desastres, pero la implementación en el territorio sigue siendo un desafío.

  • Necesidad de recursos y preparación técnica para organismos ejecutores.
  • Flexibilidad en la asignación de recursos durante emergencias.

Finalmente, León resalta que la capacidad de adaptación ante fenómenos climáticos intensificados por el cambio climático es crucial. La burocracia y los mecanismos de control pueden obstaculizar la respuesta rápida necesaria en situaciones de emergencia.